El Progreso de la Inteligencia Artificial (Primera Parte)

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La inteligencia (del latín intelligentia) es la capacidad de elegir, entre varias posibilidades, la opción más acertada para la resolución de un problema. En este sentido, cabe distinguirla de la sabiduría, en tanto que esta última es tan solo una acumulación de conocimiento, mientras que la inteligencia implica hacer el mejor uso de un saber previo.

El concepto como tal comienza a ampliarse cuando el 1950 el inglés Alan Turing hizo público su trabajo: “Maquinaria Computacional e Inteligencia”. La pregunta básica que Turing trató de responder afirmativamente en su artículo fue: ¿Pueden las máquinas pensar? Los argumentos de Turing en favor de la posibilidad de inteligencia en las máquinas, iniciaron un intenso debate que marcó claramente la primera etapa de interacción de la Inteligencia Artificial. Los debates en aquella época se centraron en el análisis de la serie de problemas implicados en la aplicación de términos mentalistas a las computadoras.

La noción de inteligencia artificial fue desarrollada en referencia a ciertos sistemas creados por los seres humanos que constituyen agentes racionales no vivos. La racionalidad, en este caso, es entendida como la capacidad para maximizar un resultado esperado. Las décadas siguientes han estado llenas de altibajos en las investigaciones y el desarrollo de la inteligencia artificial. La década de los 80 trajo la proliferación de “sistemas expertos”, programas que intentaban copiar el modo de pensar de profesionales en un determinado campo.

En década de los 90 los estudios toman otro matiz: destacan investigaciones sobre redes neuronales similares a las del cerebro ligadas a las investigaciones sobre algoritmos genéticos. La aplicación de potentes sistemas estadísticos, y del cálculo de probabilidades. Aparecieron programas que eran capaces de aprender. Esta nueva capacidad denominada “deep learning” es el gran salto hacia el futuro.

El progreso ha sido acelerado sobre todo desde que los gigantes informáticos – Facebook, Google, Amazon, Microsoft, Baidu, etcétera – han entrado en el negocio. Al comienzo de su historia, la IA aspiraba sólo a imitar la inteligencia humana. Ahora, los nuevos sistemas pueden hacer operaciones que van más allá de la capacidad humana y no sólo por velocidad de cálculo.

Habíamos asumido que los robots iban a desplazar a los humanos de los trabajos mecánicos, pero ahora aparece la posibilidad de que nos desplacen también de trabajos intelectuales. La omnipresencia de la inteligencia artificial, la generalización de esa realidad aumentada, nos exige repensar muchas cosas, entre ellas, nuestros sistemas educativos. Acorde con esos cambios, vamos a tener que desarrollar una “inteligencia aumentada” que sepa pensar hibridando procesos neuronales y procesos electrónicos.

Aunque la Inteligencia Artificial total está aún lejos, las sociedades deben prepararse para la aparición de seres autónomos no humanos. Solamente hay que mirar hacia atrás para sorprendernos al ver cómo la tecnología ha cambiado nuestras vidas en apenas unos años. Una reflexión que a menudo viene acompañada de un pronóstico con el que pretendemos imaginar ese tiempo que aún está por llegar…

Cristina Cordovilla, Research Analyst.